viernes, octubre 09, 2009

Desde el smoking room en El Cairo: amo Egipto

Fueron 3 días maravillosos.

Llegamos la noche del marte y hoy, viernes festivo, partimos a Hurghada, a orillas del Mar Rojo.

Egipto es un país maravilloso y sorprendente. No tiene para ofrecer únicamente la majestuosidad de la Gran Pirámide, el encanto de la Esfinge, el divertido paseo en camello, la impresionante estatua de Ramses II y su momia, ni el más puro arte del regateo; es todo eso y un millón de cosas más. Es su gente, cordial, amable, respetuosa de otras culturas y religiones aún cuando el Islam es algo que enmarca sus vidas.

La experiencia del intercambiar relatos de su cotidianidad, de las costumbres y tradiciones, del tráfico más loco que he visto en toda mi vida, de los mercados y de una diversidad de artículos, souvenirs y mercancías que se encuentran por doquier, del adentrarse en las mezquitas y vivir una pequeña parte de sus creencias, de su fascinante y rica comida, de su vestir, de los contrastes, de la realidad de gente buena que lucha en una pobreza evidente, de la tenacidad de jóvenes que todos los días buscan aprender no solo de su vasta historia sino del mundo entero con miras a una vida mejor, es invaluable.

El amor por sus raíces, el orgullo y al mismo tiempo la humildad por quienes son, es a veces una cachetada con guante blanco por las banalidades.

Termina mi primer trayecto y al ingresar a la sala de abordaje y decir adiós a Mamud, nuestro representante turístico y hasta podría decir, nuestro nuevo amigo, sentí una nostalgia de esas que pocas veces he sentido al dejar un lugar que ha marcado mi vida, algo como lo que me sucedió cuando por primera vez dejé tierras mexicanas para regresar de nuevo a Colombia.
No tengo expectativas de los siguientes siete días que nos quedan en este maravilloso país porque se que cada momento y nueva experiencia que viva, superará cualquiera de ellas.
Egipto es grande y aún cuando sufre el estigmatismo del resto del mundo, tiene tantas cosas para ofrecernos que si aprendiéramos de ellas, este mundo sería diferente, sería mejor. "El universo le teme al tiempo, el tiempo le teme a la Gran Pirámide", porque su fe, su profunda convicción en construir algo que perdurara sobre toda la humanidad venciendo a la muerte, es algo que esta magnífica civilización ya había logrado hace miles de años.

Ahora confirmo una vez más que viajar y conocer otros mundos es, al menos para mí, la mejor escuela.

Dios es grande, podría incluso decir con mis creencias cristianas católicas que Alá es grande, porque aprendí que es un solo Dios, el mismo Dios que me ha bendecido por regalarme esta experiencia perdurable.

2 comentarios:

henry fer dijo...

genial! tus aventuras son geniales, adri! que gusto verte por aqui!

Adriana María dijo...

Gracias cielo, tu blogcito también me cuenta como una de sus seguidoras :) un beso.