viernes, noviembre 14, 2008

otra nochecita de recuerdos...

tuvo que haber sido por ahi del 2000 cuando en compañía de uno de mis mejores y rockeros amigos fuimos a ver al Teatro Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá a una de mis bandas favoritas y que en ese entonces me tenían dentro de sus aliados... parte de la raza... Jaguares.
aquella noche recuerdo que abrió Kraken y con su Vestido de Cristal dejaron boquiabiertos a todos en el auditorio, yo pude colar mi cámara fotográfica, de esas de rollito, porque me acuerdo que las digitales que raramente le veía a alguien necesitaba discos 3 1/2 ". Aún conservo esas preciadas fotitos.
Salen los Jaguarcitos, uno de los mejores conciertos de mi vida, no creía posible que en verdad los estaba viendo... para ese entonces no era tan fácil que incluyeran a Bogotá en su gira, ahora, en México, su madre patria, es mucho más común, por obvias razones y los fans abundan por doquier.
Esta noche, después de varios años, los vi de nuevo.
Sorprendió un Saul Hernández con cabello corto, jeans (no pantalones de cuero) pegadísimos y botas usuales (esos pantalones pegados siempre me han gustado). Los años no pasan en vano y a él se le notan bastante, sobre todo, cansado.
Y digo que sorprendió porque a pesar de estar uno rodeado de noticias de los artistas de vez en cuando, como que tiene ese recuerdo y esa imagen que pareciera imborrable.
El Vampiro es un traga años, mismo cabello, mismo look, misma frescura y pareciera que el tiempo se detuvo. Alfonso casi igual.
Sin embargo, la diferencia entre una y otra experiencia fue abismal. Aquella vez fueron unas dos horas super intensas, todo, absolutamente todo el concierto, sin descanso. Esta vez, fue un altibajo de ritmo, energía y ánimo. Hasta se les veía cansados y faltos de aire y me refiero más que nada a Saúl.
Como un toque paternal, la hija de Saúl de unos 11 o 12 años lo acompañó en una de sus canciones, tenía un sombrerito lindo, la nena muy bonita, pero como que no cuadra con el estilo rockeron que al menos hace 7 u 8 años caracterizaba a estos tíos. Alfonso hizo lo mismo con Julián, al mando de la batería, me recordó justo a mi amigo Juan Carlos con el que fuí, que también tiene su banda y que enseñó a su lagartijita, como le decía cariñosamente a su hijo, a tocarla.
Por fortuna para mí, después de varias canciones recientes de Jaguares, comenzaron aquellas por las que el grupo me atrapó. Me recordaron mi época de bachillerato cuando las escuchaba y la universidad y me recordaron por completo aquel concierto, en donde Quisiera ser alcohol fue interpretada por Saúl, vestido de cuero negro de pies a cabeza, sentado en un banco alto y solo con su guitarra y una luz tipo spotlight sobre él que era lo único que se veía. Hoy estuvo acompañado del bajista pero esa magia volvió a repetirse. La negra Tomasa es un clásico que no puede dejar de tocarse y a algunas otras también hay que hacerles honor: Viento, Afuera, La célula que explota, No dejes que, Fin, Como tú, Mátenme porque me muero, Detrás de los Cerros, todas ellas me recordaban personas, momentos, sentimientos, situaciones, emociones... como dijo un amigo esta noche, el concierto fue muy bueno y no por el espectáculo en sí, sino por el tinte nostálgico que nos trajo a muchos de los presentes. Aquellas "buenas épocas" se reviven.

Jaguares hoy ya no es lo que era ayer, ni mucho menos Caifanes, aunque el espíritu se mantiene en aquellos músicos, la brecha se reconoce y se siente.

Otra noche para recordar.

1 comentario:

Felipe Medina dijo...

hace rato que no pasaba, ya me puse al dia jajaja

como dicen, recordar es vivir!

y creo que la musica es un agente perfecto para que eso suceda, es algo a lo que le damos un valor especial, algo que se interpreto por una sola persona, pero que significa algo especial para cada persona.